1. Los granitoides y el granito
Es una roca fácilmente identificable compuesta mayoritariamente por
cuarzo, feldespato y mica. El cuarzo forma cristales granulares translúcidos
con brillo vítreo, el feldespato suele ser tabular, de color blanco o rosado.
Este último color se debe a la alteración de los óxidos de hierro y titanio incluidos en los cristales de feldespato potásico, y
es característico aquí, en La Cabrera. La mica es biotita y/o moscovita,
ambas son agregados laminares de pequeño tamaño, la primera de color negro lo
que confiere al granito su característico moteado mientras que la moscovita es
plateada. A los minerales claros (cuarzo y feldespatos) se les denomina
félsicos y a los oscuros (biotita) máficos.
Aunque en el
texto se emplee, por sencillez, el
término granitos, hay que matizar que de
forma estricta son granitoides,
de los cuales el granito es sólo uno de sus tipos. La clasificación de los granitoides por su composición se establece en función de su contenido en
cuarzo (Q), feldespato potásico (F) y plagioclasa (P) según el triángulo de
Streckeisen:
Diferentes tipos de granitoides. E.T.S. Caminos, Canales y Puertos
La
textura del
granito varía según el tamaño de sus cristales. Se dice que es de grano fino cuando son inferiores a 1mm,
grano medio entre 1 y 5 mm y grano grueso si es mayor. Cuando todos
los cristales son aproximadamente del mismo tamaño sería equigranular, cuando
algún componente, normalmente el feldespato potásico, forma cristales
sensiblemente mayores (fenocristales) se dice que su textura es porfídica.
Por su aspecto en La Cabrera existen dos tipos de granito prácticamente
coetáneos en su formación:
Leucogranitos. Son granitos de
color claro ya que contienen más feldespato potásico y cuarzo que biotita y son
de grano medio a fino lo que les hace muy resistentes a la erosión, por lo que
forman los relieves más escarpados y afilados (galayos).
Monzogranitos (adamellitas). Es
el más abundante. Intruyen a las rocas metamórficas y tienen una textura de
grano más grueso y son más oscuros por la presencia de biotita. Se meteoriza dando
lugar a depósitos arenosos llamados lehm, grus o jabre.
Además existen otras facies de tipo granodiorítica, biotíticas y
biotítico-anfibólicas. Otra característica es que presentan con frecuencia
cavidades miarolíticas.
Miarola en granito de la cantera del Lanchar del Molino. Sieteiglesias.
2. Procesos internos. La formación del granito.
El granito es una roca ígnea y dentro de este
tipo, se corresponde con una roca plutónica ácida (rica en sílice). Se forma a
partir de diferenciados de fundidos de
rocas en condiciones de presión y temperatura elevadas que reciben el nombre de
magmas.
Estas zonas de alta presión y
temperatura se localizan en las zonas de subducción donde convergen y colisiona
una placa oceánica contra otra continental. Al ser más densa la primera se
dobla y hunde hacia el manto bajo la segunda.
La corteza oceánica que se
encuentra hidratada suelta el agua en el manto al subducir, El agua disminuya
la temperatura de fusión de la roca y genera fundidos máficos hidratados. Estos
magmas, procedentes de las partes inferiores de la corteza continental tienden a ascender desde estas profundidades
superiores a 100km debido a su menor densidad, fundiendo durante el trayecto las
rocas ricas en sílice por las que atraviesa. Esta fusión parcial va variando la
composición química de los fundidos enriqueciéndolos en sílice (cristalización
fraccionada), lo que a su vez les hace más viscosos y por tanto más lentos, así que tienden
a ralentizarse y finalmente detenerse a profundidades variables, entre 2 y 20
km a temperaturas entre 800° y 1100°, donde se enfrían y cristalizan formando
plutones graníticos silíceos, que reciben el nombre de batolitos o stocks en
función de su volumen y extensión. El plutón de La Cabrera, concretamente,
constituye un stock.
En este otro esquema en color, la colisión se produce entre dos placas continentales y los fundidos se forman en la base de la corteza desde donde ascienden y emplazan.
3.
Contexto geológico
Como se dijo anteriormente las
elevadas presiones y temperaturas que permiten la fusión de la corteza se
producen en las zonas de convergencia de placas.
En el caso de la formación de los
granitos peninsulares esta convergencia tuvo lugar hace unos 300 millones de años (finales del Carbonífero), tras la colisión de Gondwana con Laurussia y el
levantamiento de la cadena Varisca (orogenia Varisca entre -380 m.a. y -360
m.a.), una gran cordillera con alturas parecidas a las que hoy tiene el
Himalaya y que se extendería desde los Apalaches a los Urales.
Durante las distintas fases de la
orogenia Varisca, los sedimentos y rocas ígneas de los fondos oceánicos son
comprimidos, replegados y metamorfizados. Los granitos y rocas volcánicas procedentes
de una orogenia anterior (Cadominense entre -480 m.a. y – 460 m.a. – durante
esta orogenia se forma un arco volcánico insular paralelo a la costa de
Gondwana con intrusiones graníticas, que en algunos casos reaccionaron con
otras rocas formando skarns -) se transforman
en gneises glandulares, las arcillas en esquistos y las areniscas y
lutitas posteriores en cuarcitas y pizarras respectivamente.
En las últimas fases de esta orogenia, en el Pérmico (entre -300 m.a. y -250m.a.), la compresión termina y comienza una fase distensiva en la que la corteza adelgaza tras el engrosamiento sufrido por la
colisión. Este adelgazamiento, junto con
las elevadas temperaturas en profundidad, facilita como ya se ha explicado la fusión de las rocas generando los magmas
que posteriormente ascenderán por la ya debilitada
y fracturada corteza hasta emplazarse sin llegar a emerger y donde se enfriarán
dando lugar a grandes masas graníticas.
Además, a través de estas
fracturas, se produce la intrusión de rocas porfídicas formando diques que
siguen dirección Este - Oeste. Por estas fracturas también circulan fluidos
hidrotermales (fluidos acuosos a muy alta temperatura y presión cargados de
sílice y metales) que al llegar a la
superficie se enfrían precipitando y cristalizando en filones de cuarzo mineralizado.
En yacimientos de temperatura media-alta el cuarzo está asociado a wolframita, casiterita
y molibdenita, y en los de temperatura media a sulfuros de Cu-Sn-Zn. Estas mineralizaciones,
en general de escasa identidad, fueron explotadas a lo largo de los siglos XVIII y XIX.
En otras ocasiones estas fracturas se rellenan con la intrusión de
fundidos posteriores más pobres en volátiles, que se enfrían muy rápidamente
dando lugar a un granitoide similar al de la roca de caja pero de grano más
fino y color claro por ausencia de biotita que recibe el nombre de aplita.
Debido a su textura y a la ausencia de biotita son más resistentes a los
procesos erosivos que la roca en la que intruyen por lo que destacan llamativamente
sobre la misma como puede observarse en la fotografía.
Dique aplítico en El Espaldar. Lozoyuela
A pesar de que los granitos cristalizaron y quedaron emplazados a tanta profundidad hoy pueden verse formando parte de los relieves elevados de la Sierra. Para que esto haya sido posible ha tenido lugar un proceso de erosión que ha desmantelado los materiales superiores mientras a la vez se producía una elevación tectónica de la corteza.
Esta erosión tuvo
lugar durante gran parte del Mesozoico, una era que dura unos 185 m.a. y que comprende las épocas del Trías,
Jurásico y Cretácico. Durante los
primeros 150 o 160 m.a. todo el orógeno fue erosionado hasta quedar
completamente arrasado y convertido en una penillanura que fue recubierta
posteriormente por sedimentos depositados durante el Cretácico superior (entre -96 m.a y -65 m.a).
Por eso no existen en esta zona
depósitos permotriásicos, a excepción de unas pequeñas manchas hacia el Oeste,
ya en la comarca de La Ribera perteneciente a Guadalajara, y tampoco los hay
jurásicos ni del cretácico inferior.
Estos depósitos cretácicos tuvieron
primero un origen fluvial; ríos que desde el Oeste desembocaban en el mar de
Tethys situado al Este dejando arenas silíceas y costras de óxidos de hierro.
Posteriormente, y debido al ascenso del nivel del mar que invade el aplanado
territorio comienzan a depositarse en un ambiente costero arcillas y depósitos
carbonatados que quedarán más tarde consolidados en margas, calizas y dolomías.
A finales del Cretácico, hace unos 60 m.a., el mar se va retirando definitivamente
hacia el Este., dejando la zona como una planicie emergida. Las etapas marinas
finales se resuelven en ambientes someros y áridos con fuerte evaporación que
precipita el depósito de yesos en lagunas costeras y zonas encharcadas
intermareales (salobrales o sebkhas).
Mientras tanto la dinámica continental ha
estado acercando durante los últimos 70 m.a. las placas Euroasiática y Africana,
que a su vez ha ido desplazando a la de Alborán, dejando comprimidas entre
ambas a la placa ibérica hasta que se produce la doble colisión. Es entonces cuando
comienza la orogenia Alpina y con ella la elevación del territorio y el inicio de los
procesos geológicos que más repercusión van a tener en el diseño del paisaje
que hoy contemplamos.
Primero el choque contra Eurasia
levanta por el Norte, en varias fases, los Pirineos y la Cordillera Cantábrica.
Estas fases transcurren desde el Paleoceno hasta principios del Mioceno (hace
20 m.a.) en el que el progresivo empuje de África y el choque de la Placa de
Alborán por el SE. levanta las Béticas. Este proceso continúa en la actualidad
y es el responsable de la sismicidad del S-SE. de la Península.
El Sistema Central se eleva porque los esfuerzos de la deformación que la compresión producía en los bordes de placa se estaban transmitiendo también hacia el interior, engrosando y elevando el centro peninsular constituido
por el viejo zócalo varisco recubierto por los sedimentos cretácicos.
Los materiales cristalinos que lo
componen al ser rígidos responden a la compresión elevándose y hundiéndose en
bloques a través de las antiguas fallas y fracturas paleozoicas que se
reactivan pasando a funcionar como inversas, mientras que la cobertera
sedimentaria mesozoica, al ser más plástica, se despega y pliega.
Por tanto a finales del Mioceno la antigua
cordillera varisca arrasada vuelve a formar un nuevo relieve en el que los
bloques levantados (pop-up) a favor de las fallas inversas cabalgan ahora sobre
las zonas deprimidas (cuencas de antepaís) y quedan otra vez sujetos a los
agentes erosivos.
Por eso en nuestra zona,
Guadarrama, Somosierra, Ayllón, gran
parte de la cobertera mesozoica compuesta por rocas sedimentarias desaparece
quedando al descubierto el zócalo cuyos materiales graníticos y metamórficos
son más resistentes.

Las cuencas, en principio
endorreicas o sea sin salida al mar, van siendo rellenadas y colmatadas por los sedimentos que los ríos y
torrentes arrastran y depositan en extensos abanicos aluviales quedando los
materiales de mayor tamaño (gravas y arenas) más cerca del área fuente,
mientras que los más finos (limos y arcillas) llegaban hasta las zonas
lacustres.
Cuando el clima se volvía más arido y la evaporación aumentaba, los compuestos que se encontraban disueltos en el agua de estos lagos precipitaban en forma de sales y sulfatos, yesos principalmente, mientras que en periodos más húmedos la actividad biológica de algas, bacterias y moluscos daban lugar a la formación de calizas diferentes en aspecto a las que se formaron en los ambientes marinos del Cretácico.
Cuando el clima se volvía más arido y la evaporación aumentaba, los compuestos que se encontraban disueltos en el agua de estos lagos precipitaban en forma de sales y sulfatos, yesos principalmente, mientras que en periodos más húmedos la actividad biológica de algas, bacterias y moluscos daban lugar a la formación de calizas diferentes en aspecto a las que se formaron en los ambientes marinos del Cretácico.
En el Plioceno, hace unos 5 m.a., el
progresivo drenaje de la Península Ibérica hacia el oeste, hace que las cuencas
sedimentarias hasta entonces endorreicas (Duero y Tajo), empezaran a vaciarse
hacia el Atlántico. Los ríos erosionan
buscando su nuevo perfil de base estableciendo la red de drenaje que vemos
actualmente.